«Otra vuelta de tuerca» de Henry James es una obra maestra del suspense y el terror psicológico. La historia se centra en una joven institutriz contratada para cuidar a dos niños huérfanos en una aislada y enigmática mansión.
Desde el momento en que llega, la institutriz comienza a experimentar extrañas visiones de figuras espectrales, lo que la lleva a cuestionar su propia cordura.
Los niños, Flora y Miles, aunque adorables, parecen estar bajo la influencia de fuerzas oscuras que desafían toda lógica.
James juega magistralmente con la ambigüedad, dejándote preguntándote si los fantasmas son reales o producto de una mente perturbada.
Este libro no solo te envuelve en su atmósfera inquietante, sino que también te invita a explorar los límites entre la realidad y la imaginación.
¡Vamos a ver el resumen y el análisis de la novela!
Otra vuelta de tuerca: Resumen
La historia se inicia en Nochebuena, cuando un grupo de amigos se divierte contando historias de fantasmas en una casa de campo, cerca de Londres.
Douglas, uno de ellos, comparte un relato con una “vuelta de tuerca” porque involucra a dos niños. Esta historia, dice, le ocurrió a una amiga suya, fallecida hace veinte años, en su primer trabajo como institutriz de dos huérfanos: Miles y Flora.
El empleo fue ofrecido por el tío de los niños, un caballero adinerado y atractivo del cual la mujer se enamoró. Sin embargo, había dos elementos que generaban desconfianza: el hombre le prohibió recurrir a él si algo pasaba y se enteró que la antigua encargada de los niños había muerto.
El trabajo se realizaba en una vieja mansión campestre llamada Bly. Allí, la institutriz conoció a la amable ama de llaves, la señora Grose, y a sus dos alumnos.
Los niños eran tan bellos, inteligentes y angelicales que la institutriz quedó rápidamente encantada por su presencia. Sin embargo, durante los primeros días, recibió una carta notificando que Miles había sido expulsado de la escuela, lo cual le causó un intenso nerviosismo. Aun así, decidió no decirle nada al niño ni a su tío, debido a la prohibición que este le impuso.
Aunque los días transcurrían tranquilos, llegó un momento en que las cosas empezaron a cambiar. Una tarde, la institutriz caminaba por el parque de la mansión cuando vio la figura de un hombre misterioso en una de las torres.
Días después, sucedió otro evento extraño cuando una presencia femenina se apareció ante la institutriz y Flora en el lago. Finalmente, la institutriz acudió a la señora Grose para compartir sus temores.
En ese momento, descubrieron que las descripciones de las visiones coincidían con el aspecto de Quint y Jessel, antiguos criados de la mansión ya fallecidos.
A partir de entonces, la presencia de los fantasmas en Bly no dejó de acrecentarse.
Aunque nadie más que la institutriz los veía, estaba convencida de que Miles y Flora se comunicaban constantemente con los espectros, quienes estaban allí para corromper y quedarse con el alma de los niños.
La señora Grose le creyó, ya que Quint y Jessel eran personas reprochables, tenían un amorío secreto y pasaban mucho tiempo con los niños.
Aunque la institutriz sabía que la presencia del tío de los niños ayudaría a resolver la situación, eligió no llamarlo para no perder su prestigio.
Sin embargo, llegó el día en que la influencia de los fantasmas en los niños la obligó a escribirle: las discusiones entre la institutriz y los pequeños hicieron que Flora no quisiera verla más y que Miles manifestara su deseo de volver a la escuela.
No obstante, la carta que escribió al tío nunca llegó a destino, porque Miles la robó y destruyó antes de que pudiera enviarla.
Finalmente, la institutriz pidió a Miles que confesara el motivo de su expulsión del colegio y le preguntó si había robado la carta. En ese preciso instante, la mujer notó que el fantasma de Quint entraba en la habitación con una presencia maligna.
Miles también lo sintió y reconoció que se trataba del antiguo criado de la mansión, después de lo cual se desmayó. Aunque la institutriz lo tomó en sus brazos antes de que cayera, solo se dio cuenta de que el pequeño Miles había muerto.
Análisis de la novela de Henry James
Escribir sobre «Otra Vuelta de Tuerca» de Henry James hoy en día resulta ser una tarea complicada. La dificultad no reside en la escasez de fuentes ni en la complejidad de la obra, sino en el exceso de literatura escrita sobre ella desde su publicación en 1897.
Parece que no hay un solo rincón que no haya sido analizado e interpretado hasta el agotamiento académico por diversas corrientes críticas.
Una pequeña reflexión tras su lectura nos hace comprender que el éxito y la controversia generada por esta narración giran en torno a dos elementos clave.
El primero de ellos es evidente: es una historia de fantasmas. El segundo motivo se revela a través de la lectura: resulta tan opaca que parece imposible creer que James solo nos está contando una historia de fantasmas.
Henry James (1843-1916), escritor de origen norteamericano, pasó gran parte de su vida en el continente europeo. De los europeos heredó el gusto por la exquisita y refinada clase burguesa en la que se basan la mayor parte de sus obras. De los estadounidenses diría que carecen de “elementos de alta civilización”.
En su interés por el estudio de ambas culturas, explorará el efecto de la interacción entre la sociedad americana y la europea en gran parte de sus obras, entre las cuales destacan las conocidas «Daisy Miller» (publicada por entregas en 1878 y en forma de libro un año después) y «Retrato de una dama» (1881).
La psicología de los personajes inmersos en las tramas de la sociedad será otro de los grandes temas que permanecerán presentes en su obra hasta el final de sus días como escritor.
Precisamente, de forma paralela a la publicación de «Otra vuelta de Tuerca», el autor se mudará a su casa de campo, Lamb House, en Sussex, Inglaterra, entorno del cual toma la inspiración para describirnos los sucesos que ocurren en la majestuosa Bly.
La incursión de una sencilla institutriz en la enigmática clase alta inglesa es el punto de partida ideal para una historia de terror al estilo de Henry James.
«Otra vuelta de Tuerca» narra la experiencia de una joven que se entrevista para trabajar como institutriz de dos adorables pequeños, Miles y Flora. La única condición que se le impone será la de no molestar nunca a su propietario bajo ningún pretexto.
La joven queda seducida por el encanto del dueño, a pesar de la extraña petición, y acepta. Con solo estas primeras páginas, James nos invita a entrar en una historia en la que no sabemos dónde asirnos, en la que, en palabras de su protagonista, estamos tan perdidos “como un puñado de pasajeros en una nave a la deriva
¡Y lo más extraño es que era yo quien empuñaba el timón!”. ¡Y qué verdad nos dice esta única frase!
El lector lo entenderá: yo no puedo dar más pistas.
La narración se presenta como la clásica historia de fantasmas contada al calor de la chimenea.
Entre sus páginas nos encontramos de nuevo frente a la imagen recurrente de “la mansión maldita” o “la casa encantada”, a ese largo pasillo alumbrado por una tenue vela cuyas maderas crujen al paso sigiloso de una asustada joven en camisón blanco.
Después de que el lector contemporáneo, iniciado en el extenso género del terror, haya devorado todo tipo de motivos temáticos, resulta realmente delicioso volver al cálido regazo de aquello que nunca pasará de moda.
Si nos desplazamos más de un siglo atrás, encontramos que a la afición a la literatura gótica del Romanticismo y las posteriores publicaciones de penny dreadfuls se sumaban la participación de la investigación científica en el estudio de lo paranormal.
En la época de James, se consolidó aún más el interés por lo inexplicable con la inclusión de la fotografía, herramienta perfecta para recolectar testimonios de apariciones fantasmales.
En este contexto, no es de extrañar que cualquier autor aprovechara el filón del género para llevar a cabo su propia creación.
Como resultado del interés general por “el aspecto misterioso (uncanny) de la experiencia humana”, y tras el fracaso de su incursión en el mundo del teatro con la obra Guy Domville en 1895, Henry James decide sumergirse en la escritura de esta historia de fantasmas.
Según la correspondencia personal de James con amigos, la inició sin saber con certeza a dónde le llevaría. La improvisación le hizo continuar por un camino que no deseaba y, sin embargo, debido a su “fatídica pasión técnica, que impide que deje cualquier cosa que haya empezado”, finalizó la novela.
El resultado fue, según su criterio, “un estudio sobre nada en absoluto”, lo que se debía a que “algo que suponía que era un tema resulta ser realmente nada”. James continúa en su análisis con otra afirmación más enigmática si cabe: “El pequeño libro en cuestión es realmente un ejercicio en el arte de no verse uno mismo fracasar”.
¿Es el artista el que no quiere aceptar su fracaso o es la protagonista de la historia la que se niega a aceptar la derrota? A James se le empieza a escapar la historia de las manos, ¿o es más bien esa la impresión que quiere causar en el público?
Es a partir de esta última cuestión donde se abre ante nosotros el amplísimo abanico de lecturas e interpretaciones que ha recibido la obra a lo largo de los años.
«Otra Vuelta de Tuerca» es una historia de fantasmas contada con una ambigüedad exasperante. De hecho, con el paso del tiempo, el propio autor empieza a reconocer que su intención inicial quedó superada por el desarrollo de la trama.
Parece que la propia obra somete al autor, adquiere vida de forma independiente, se rebela y busca enriquecerse a través de la angustia del lector.
Lo más escalofriante para el James maduro, conocedor del efecto que ha tenido su obra en el público, es el hecho de que el Mal surge de la experiencia del lector, donde los fantasmas no son tal sino el reflejo de lo más oscuro de nuestra conciencia.
E igualmente, si dejamos a un lado la existencia de las extrañas apariciones, nos aterran los otros dos motivos que aparecen sobre la mesa: la pérdida de la inocencia y la locura.
Diseccionar la obra, sin embargo, no nos va a dar las respuestas, pues éstas no parece tenerlas ni siquiera el propio James. Es mejor no revelar nada en absoluto, ese “nada” sobre el que habla el autor, bajo riesgo de hacer a la novela perder su fuerza narrativa.
El éxito de este cuento reside en mantenernos como funambulistas en equilibrio sobre ese vacío, con la constante sensación de que encontraremos algo perturbador.
En cada página, hacemos un intento por encontrar alguna pista que descifrar. James, sin piedad, no deja nada escrito que nos pueda desvelar hacia qué lado inclinarnos, no encontramos certeza alguna, no leemos más allá de las propias palabras.
No hay teoría previa, aunque haya numerosas teorías posteriores. James, siempre atento a la reacción de su lector, le cede la obra. El mismo autor, en su ensayo «El arte de la Ficción» (1884), comprende que una obra de arte no es un verdadero éxito sin la existencia de la teoría crítica. Ciertamente, esto es «Otra Vuelta de Tuerca».
En «El Arte de la Ficción», James expone igualmente su idea de lo que debe ser una novela, a medio camino entre el realismo y el movimiento impresionista.
Para James, la novela es la representación de la realidad relativa. Ésta consiste en el flujo de pensamiento del propio ser en interacción con el entorno, la realidad de James es experiencia individual e irrepetible.
En este sentido, «Otra Vuelta de Tuerca» es una novela realista. Poco importa la fantasía añadida, lo que leemos es la realidad psicológica de nuestra narradora, la institutriz, desde su punto de vista.
No podemos escapar de ella, no sabemos qué ocurre ahí fuera, ella es la que lleva el timón en nuestra “nave a la deriva” y es precisamente este efecto el que más nos inquieta.
Nosotros, como ella, también hemos sido abandonados, hemos sido lanzados a este mar de palabras que James ha construido para nosotros y, en la deriva, sentimos el pánico de no saber.
«Otra Vuelta de Tuerca» se narra de tal manera que los sobreentendidos resultan abrumadores y opacan la resolución de los hechos. Podría ser un cuento de fantasmas, una historia de terror psicológico o la tragedia de un barco que naufraga. No lo sabremos jamás porque nada queda dicho, aunque ya se haya contado todo.







